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Tras varios años de arduas búsquedas, aislado en
la montaña con su esposa, sus tenaces esfuerzos tuvieron
éxito y descubrió uno de los principales yacimientos
de estaño conocidos. De ahí en adelante empezó
a dar rienda suelta a su genial sentido de la organización.
En pocos años hizo de su mina la más importante
del país, explotándola con las técnicas más
modernas bajo la dirección de los mejores ingenieros extranjeros.
Ante
la falta de ejecutivos calificados en Bolivia, Simón I.
Patiño tuvo la idea de crear en 1931 en La Paz la Fundación
Universitaria Simón I. Patiño, cuyo principal objetivo
era formar una elite intelectual que permitiese a su país
deshacerse de su dependencia para con los especialistas extranjeros.
A continuación Simón I. Patiño extiende rápidamente
su campo de acción a otras minas y diversifica sus actividades.
Crea un banco, comercializa él mismo su mineral, y abre
fundiciones. Simultáneamente, realiza inversiones en yacimientos
mineros en Malasia, Canadá, etc. A fines de los años
30, más del 60% de la producción mundial de estaño
era tratada en sus fundiciones.
En 1912 se instala en Europa con su familia. En 1924, durante
una visita a Bolivia, sufre un grave ataque al corazón
tras el cual le resultará imposible regresar a Bolivia
debido a la gran altitud del país.
En 1939 se marcha de Europa y se establece en Nueva York. Hacia
el final de su vida se afinca en Argentina, para estar más
cerca de su país.
Durante las dos guerras mundiales Simón I. Patiño
tomó el partido de los Aliados, a quienes reservó
la exclusiva del suministro de su mineral, fundamental para la
producción industrial bélica.
Muere en Buenos Aires el 20 de abril de 1947.
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